Publicado 13/08/2026 08:01

Rafael Torres.- Nenas, no menas

MADRID 13 Ago. (OTR/PRESS) -

Son nenas, esto es, niñas, chicas, adolescentes, muchachas, pero no menas, el acrónimo vejatorio con el que la derecha y la ultraderecha las estigmatiza y señala. Y siendo nenas, las cerca de trescientas a las que se ha dejado tiradas en las calles de Ceuta, literalmente tiradas durante días, no han hallado un espacio seguro para estar y descansar y dormir hasta que la buena gente del barrio del Príncipe las ha recogido y ha improvisado para ellas una especie de jaima con materiales de fortuna, unos toldos y unas alfombras.

El trato inferido por las autoridades españolas a los menores llegados masivamente a Ceuta, fugitivos de la miseria y huérfanos de patria, ha consistido en absolutamente ningún trato, y ese maltrato por falta de un trato mínimamente digno y humanitario se ha cebado, se sigue cebando, en las nenas, las niñas, las chicas, las muchachas, que a su vulnerabilidad habitual se añade la extrema de su abandono en las calles, sin agua, sin útiles de higiene, sin comida y a merced de los indeseables que pululan por todas partes. Al menos seis han sido víctimas de agresiones sexuales, y todas del desprecio y la desatención de un gobierno que parece estar de vacaciones totales.

Esa realidad de mil y pico menores deambulando erráticos por las calles, sin ropa, ni techo, ni protección, ni control, ni alimento durante jornadas, y, en ella, la de los cientos de nenas, no de menas, reducidas a cebo para maleantes, esa realidad, digo, no se borra con la visita a Ceuta de un ministro u otro, ni con campanudas alusiones a unas leyes supuestamente garantistas, pero que para ellas no lo son.

Da igual quienes son esas nenas, de dónde vienen, su nacionalidad o su encaje entre nosotros; son nenas, niñas, chicas, adolescentes, muchachas, mujeres, y son el espejo en el que, si nos miráramos, se nos caería la cara de vergüenza, salvo a la gente de la barriada del Príncipe y a alguna otra buena gente, a las que ese espejo les devolvería la imágen de su bondad.

Son nenas, no menas, son crías que, en el filo del abismo, no han encontrado la mano tendida de nuestras autoridades para asirse a la vida que merecen en términos de máxima dignidad.

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