MADRID 2 Abr. (OTR/PRESS) -
Aun reconociendo que la idea de alejarse de la Tierra en éstos momentos es tentadora, no se alcanza a comprender qué necesidad hay de llevar a otros planetas lo que nos hace desear alejarnos del nuestro: Nosotros. En efecto; ¿qué nos ha hecho la Luna, o Marte, para castigarlos con nuestra presencia? Sin despejar esa incógnita, por no querer despejarla, parte para la Luna con gran boato publicitario y con el propósito de ser el primer jalón para colonizarla, la nave Artemis II con cuatro humanos a bordo. La buena noticia es que esta vez no hollarán su pobre suelo.
Se observa, desde luego, una incomprensible expectación en torno a esta excursión carísima a nuestro bello satélite. Se dice que es un paso formidable de la Humanidad en pos de no se sabe exactamente qué, y también que se trata de una misión de tanteo para instalar en un par de años una base en la Luna que servirá, a su vez, de escala o trampolín para ir a Marte. ¿Y? ¿Qué se les ha perdido a la NASA y a quienes jalean sus performances en Marte? Por lo visto, la posibilidad de vivir allí, suposición que debe de emanar del hecho de que han visto muchas películas de movidas espaciales, y se las han creído.
¿Cómo se podría vivir en la Luna o en Marte? Mal, sin duda. Encerrados, sin árboles, ni pájaros, ni ríos, ni praderas, ni jardines, ni playas, ni Luna, pues desde la Luna no se ve la Luna. Ningún gato podría vivir allí, ningún enamorado, ningún poeta. Una mierda de vida. ¿Y en Marte? ¿Cómo sería vivir allí? Peor si cabe, a menos, claro, que hubiera marcianos con sus orejas de trompetilla y su antena de UHF en la cabeza, pero ya nadie cree que los haya salvo el vicepresidente Vance de los EE.UU., convencido de que hay extraterrestres y que son demonios. Así y todo, seduciría la idea de alejarse 400.000 km. de la Tierra si se pudiera seguir viendo a lo lejos la Luna gobernando los sueños y las mareas.