El Tribunal Supremo (TS) ha reconocido la gran invalidez a un trabajador afectado con problemas de visión en los dos ojos que necesita la asistencia de otra persona para sus tareas cotidianas, a pesar de que el solicitante había rechazado una intervención quirúrgica, porque explica que no se le puede obligar a operarse y que, en todo caso, una operación podría no resolver el problema.