Actualizado 04/06/2010 14:00

Luis del Val.- El bárbaro dormido.

MADRID 4 Jun. (OTR/PRESS) -

Sufrí a un redactor-jefe que mantenía la opinión de que las páginas de sucesos sólo les interesan a las porteras. Yo tuve una tía portera, a la que quise mucho y, además, me gustan las páginas de sucesos, o sea, que debo tener algo de portera.

Las páginas de sucesos puede que sean el mejor observatorio para contemplar las arritmias de una sociedad. Desde luego, si uno quiere investigar a la sociedad a través de las declaraciones de un político sería como si pretendiese investigar las simas oceánicas con la ayuda de las opiniones de un bañista.

Ese taxista que, de repente, toma el rifle y se dedica a matar personas, como si disparara contra conejos es un síntoma que indica algo. He escrito "de repente", y es inexacto, porque nadie se vuelve asesino de repente, ni siquiera el asesino del crimen pasional. Debe haber un largo proceso de frustraciones y resentimientos, una acumulación de amarguras y fracasos que estallan y destrozan el raciocinio, como esa sardina de la leyenda que derrumbó al burro.

La gente ve películas de terror para sentir emociones poco frecuentes como el miedo, pero en la vida más cotidiana, a nuestro lado, hay un criminal en potencia que está aguardando la última sardina para matar a su mujer, para acabar con la vida de su padre, para incendiar la casa del vecino con toda la familia dentro.

Sales a pasear o a consultar el pago de una factura a la sucursal bancaria y un tipo, desde el coche, te da de baja inmediata en el registro civil. O puede que seas tú, el que empuñes el rifle, porque nadie tiene estigmas de asesino en el semblante, ya se sabe, a pesar de que los vecinos siempre declaran que parecía normal, como si los asesinos tuvieran que llevar rabo, ser feos y tener cuernos en la frente. Todos somos normales, es decir, todos somos bárbaros dormidos.

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