MADRID, 5 Mar. (OTR/PRESS) - Ha muerto un periodista deshabitado de sectarismos y extemporáneas añoranzas guerracivilistas. Templanza, moderación y el tono aterciopelado de una voz sin estridencias, sin agudos, sin gritos histéricos, sin insultos. Esas eran las principales credenciales de Fernando Ónega (Mosteiro, Lugo, 1947), que acaba de morir en Madrid.