MADRID, 26 Feb. (OTR/PRESS) - El mundo sigue convulso. Por desgracia la paz perpetua con la que soñaba Kant sigue relegada al mundo de los buenos deseos que promueven algunos filósofos. La condición humana es la que es y la guerra -las guerras- siguen siendo motores de la historia. En cada generación se inicia una o más en alguna parte del planeta. Desde la mítica de Troya apenas hay memoria de una etapa sin conflictos. En nuestro entorno, en Europa, el período de paz del que disfrutó el continente desde el final de la Segunda Guerra mundial se quebró primero en los Balcanes y posteriormente, en nuestros días, con la invasión rusa de Ucrania. Que lleva ya cuatro años y más si añadimos la anterior anexión de Crimea. Un registro de dolor al que habría que añadir el interminable registro de muertes en Gaza.