MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS) - Parece que la resaca de la Cumbre del Clima en Copenhague se empieza a diluir al mismo ritmo que la de los festejos navideños. Cientos de delegados, periodistas, expertos, ONG y otras tantas tribus de implicados en el tema concentrados en la ciudad de la sirenita volvieron a sus casas con el deber cumplido de haber estado AHÍ; aunque ahí realmente sobraron casi todos los que estuvieron y faltaron algunos que se quedaron en casa: me refiero a los ministros de finanzas, quienes, junto a los jefes de gobierno o estado, son los únicos que pueden dar una respuesta válida a los problemas planteados por el cambio climático.
